La primera vez que Nora Navas (Barcelona, 1975) visitó el Festival de San Sebastián fue en 1999. Entonces no era una actriz conocida en el mundo del cine. Su experiencia se limitaba al teatro, a algunas series de televisión y a un pequeño papel en 'Un banco en el parque', la película de Agustí Vila que se presentaba en el certamen donostiarra. Hasta la ciudad de La Concha llegó para "ver películas" por su cuenta y se quedó "en la pensión 'La Mari'". Nada de ir de invitada, nada de presentaciones oficiales, entrevistas, ni mucho menos soñar con premios.
Once años después y en la misma ciudad, Nora era el centro de atención de todos los flashes. Sin perder la cercanía, posaba con elegancia ante los fotógrafos, mientras brindaba con una copa de champagne. Acababa de ganar la Concha de Plata a la mejor actriz por su estupendo trabajo en 'Pan negro', de Agustí Villaronga. La película, una de las favoritas de crítica y público, no se iría de vacío del festival merced al premio de la Navas. Se haría justicia y, de paso, el público se quedaría con el nombre de una actriz, de aspecto frágil, una apariencia común, con un físico corriente, pero con una fuerza y una voracidad que acaban por conquistar cada plano.
Da igual que tenga enfrente a Sergi López en plan fuerza de la naturaleza, o que Roger Casamajor se encuentre en estado de gracia en 'Pan negro'. Cuando la película se acaba, ningún espectador puede sacarse de encima la imagen de Florència luchadora, de Florència sufridora, de Florència enamorada, de Florència partida en dos por las heridas de la guerra, de Florència y sus fantasmas... en definitiva, de los mil rostros y registros de Nora Navas en 'Pan negro'.
Contaba la actriz durante sus numerosos encuentros con la prensa en San Sebastián, que había compaginado el rodaje de esta película con la representación de 'La casa de Bernarda Alba' sobre los escenarios. Y que así "es imposible sacarse la tragedia de encima". Pero para su carrera, Lorca y Villaronga, un director tan extremo como generoso como sus protagonistas, han acabado siendo una bendición espacio-temporal. Una de esas coincidencias que sacan del anonimato a una actriz y la sitúan en boca de todo el mundo.
Minutos antes de recoger el premio en el Kursaal de San Sebatián reconocía que no sabía si ahora la llamarán para hacer más cine, si le obligaría a dejar aparcado el teatro o si le lloverán las ofertas. Ella no se olvida de sus modestos inicios en esa cantera tan prolífica que es la ficción televisiva en Catalunya. De series como 'Crims', 'Vendeplá', 'El cor de la ciutat' o 'Porca misèria' aprendió a valorar la trascendencia de todo tipo de papeles y a aprovechar cada aparición para demostrar su talento.
Igual que hizo en cine con 'Las vidas de Celia', de Antonio Chavarrías, o 'Lo bueno de llorar', de Matias Bizé, que era todo su bagaje en la pantalla grande. Ahora, es el público el que tiene que valorar la importancia de Nora Navas, la importancia de ser una actriz prácticamente desconocida, que, sin embargo, puede acabar con un Goya en su casa.
