Vive su mejor época. Las nominaciones a los premios más prestigiosos le caen una detrás de otra, su teléfono no para de sonar con llamadas de los directores más reputados y Penélope Cruz, una de las mujeres más codiciadas, acaba de convertirle en padre. A veces uno se pregunta si a este hombre, cuando se pincha, le sale sangre. La diosa fortuna ha decidido otorgarle sus favores y a él le basta ponerse delante de la cámara para justificar todos los dones que le han sido entregados. Pero, ¿es Javier Bardem el mejor actor del momento? Endemoniada pregunta a la que es imposible dar una respuesta por cuanto encierra en su formulación una trampa evidente. Cada cual preferirá las virtudes de uno u otro intérprete y, dado que el cine es un arte y no una ciencia, la verdad absoluta es algo inalcanzable.
Lo que está claro es que se ha colado en el panteón que habitan unos cuantos 'intocables' como Daniel Day-Lewis o Jack Nicholson. Un Oscar, un Globo de Oro, cuatro Goyas, un BAFTA y un premio del Festival de Cannes jalonan su trayectoria. Con 'Biutiful' se cuela por tercera vez entre los finalistas a la estatuilla dorada -perdió con su encarnación del poeta homosexual Reinaldo Arenas ante el 'Gladiator' Russell Crowe y ganó con el despiadado Anton Chigurh de 'No es país para viejos- y, dado su arrollador ascenso, no parece lejano el día en que alcance a Marlon Brando, Tom Hanks, Spencer Tracy o Sean Penn, todos ellos repetidores en la más alta distinción que concede el séptimo arte.
Este caudal inagotable de premios se ha visto acompañado por los elogios vertidos por estrellas de todo tipo. Entre los que han regalado los oídos de Bardem se cuenta Julia Roberts. Compañera de reparto en 'Come reza ama', ha apuntado que la interpretación que el español realiza en 'Biutiful' es "un truco de magia y un milagro". Otro de esos actores adorados por la crítica, Ryan Gosling, ha asegurado que es una de las mejores cosas que ha visto nunca. Y qué decir de Sean Penn, quien ha comparado su labor con la de Marlon Brando en 'El último tango en París'. Parabienes que vienen a sumarse a los que ya recibió cuando se metió en la piel del frío de 'No es país para viejos', personaje que alimentó las pesadillas del público como dos décadas antes lo había hecho el Jack Nicholson de 'El resplandor'.
Frases que vienen a reconocer un hecho incontrovertible. Javier Bardem se come la pantalla cada vez que hace irrupción en ella. Su trabajo no tiene aristas. Es uno de esos raros especímenes capaces de soportar por sí mismos el armazón narrativo de una cinta, cuente ésta con un mejor o peor guión. Al de 'No es país para viejos' era difícil verle las costuras, pero el de 'Biutiful' ha venido a constatar que Iñárritu era sólo la mitad de un ente genial cercenado por la ruptura con Guillermo Arriaga. Poco importa que la trama ideada por el mexicano no esté a la altura de las que nos entregó en 'Amores perros', '21 gramos' o 'Babel'. La prodigiosa exploración que Bardem hace de la odisea existencial de Uxbal, ese padre sumido en una realidad devastadora que habla con los muertos, convierte un filme que sería plomizo sin su presencia en un producto más que digno con una única y definitiva verdad: nada se le resiste a ese 'monstruo' llamado Javier Bardem con el que sólo los más grandes pueden librar un pulso.
