Presidencia Española de la Unión Europea
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Historia de la Unión Europea

El germen de la Europa comunitaria

La Unión Europea es una organización única en el mundo. Tal y como hoy la conocemos, es el resultado de un proceso continuo que comenzó hace más de cincuenta años, un proceso de integración que no se para, y que sigue su curso.

El germen de la Europa comunitaria se remonta al final de la Segunda Guerra mundial, una de las experiencias más traumáticas vividas por el continente. Tras el conflicto, era necesario pensar en nuevas ideas y corrientes de pensamiento con la intención de crear algún proyecto común que permitiera superar los anteriores antagonismos, y promover una Europa solidaria y en paz entre todos los países miembros. El 19 de septiembre de 1946, el que fuera primer ministro británico Wiston Churchil, en su famoso discurso pronunciado en la Universidad suiza de Zurich, contribuía al inicio de ese pensamiento.

Tratado de roma
Firma en Roma del Tratado del Mercado Común Europeo. En la imagen, delegados de las seis naciones europeas que firmaron: Francia, Alemania, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo.

Pero la primera propuesta formal partió del lado francés. El día 9 de mayo de 1950, Robert Schuman, ministro de Asuntos Exteriores francés, y con la inspiración de Jean Monnet, su comisario para el plan de desarrollo, propuso la creación de una institución europea supranacional encargada de administrar y gestionar la producción del carbón y el acero, materias primas esenciales de la época. Aunque la idea era principalmente económica, el transfondo era mucho más amplio. Tal y como señalaba Robert Shuman en su famosa declaración del 9 de mayo: “Europa no será en un día, ni en una construcción de conjunto. Se hará mediante realizaciones concretas, creando primero una solidaridad de hecho (...) esta propuesta establecerá los cimientos concretos de una federación europea indispensable para el mantenimiento de la paz”.

Francia, la República Federal de Alemania, Italia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo respondieron a la llamada de Schuman, y el 18 de abril de 1951, firmaron el Tratado de París, por el que se creaba la Comunidad Económica del Carbón y del Acero (CECA).

Los proyectos para dotar a Europa de estructuras comunes, tuvieron también otro proyecto común; la Comunidad Europea de Defensa (CED), pero el proyecto finalmente no se realizó.

De la CECA a la CEE

El éxito de la CECA fomentó el impulso de nuevas perspectivas de integración. Sobre la base de un informe elaborado por el belga Paul Henri Spaak, los seis estados firmantes de la CECA decidieron continuar con el proceso y dar un gran paso más. En marzo de 1957 se firmó uno de los documentos más cruciales para Europa: el Tratado de Roma, que establecía la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (EURATOM o CEEA). La Comunidad Económica Europea, con el objetivo final de crear una unión aduanera y un mercado común en el que estuvieran garantizadas cuatro libertades fundamentales: libre circulación de personas, servicios, capitales y mercancías. Sólo tres años después de la puesta en funcionamiento de la CEE, comenzaron a perfilarse las primeras políticas comunitarias, como la agrícola (PAC o Política Agrícola Común), quizá una de las más importantes de la Comunidad, la regional, social y medioambiental, y los derechos de aduanas e industriales quedaron totalmente eliminados el 1 de julio de 1968. Por su parte, la CEEA fue creada para la organización y el desarrollo de la industria nuclear en los seis estados miembros y garantizar el aprovisionamiento.

A la vista de los éxitos alcanzados, y a pesar de la creación de la EFTA (un área de libre comercio en la que participaban Gran Bretaña y Noruega, etc.), Reino Unido, Dinamarca e Irlanda decidieron unirse a las Comunidades Europeas. Aunque Bernal De Gaulle, presidente de la República Francesa en esa época, vetó en dos ocasiones la entrada británica en la Europa comunitaria, la primera ampliación se materializó en 1973, con la firma del Tratado de Adhesión de estos tres países.

De manera paralela, se profundizaban las tareas de la comunidad con la puesta en marcha de nuevas políticas, se afianzaba el papel de la Comunidad en la escena internacional, con la firma de vínculos contractuales con los países de Asia, Caribe y Pacífico, y con motivo de la crisis petrolífera de 1973, se propiciaba la creación del Sistema Monetario Europeo. Entre sus objetivos estaban la estabilización de los tipos de cambio y el freno de la inflación, limitando el margen de fluctuación de las monedas nacionales en base a una pequeña desviación desde un tipo de cambio central, establecido por una unidad de cuenta europea común a la que se llamó ECU.

Segunda oleada de ampliación comunitaria

La acentuación de las crisis económica de la década de los 80 provocó un cierto “europesimismo” que se vio superado con el relanzamiento del proceso de construcción comunitaria impulsado por el francés Jacques Delors, presidente de la Comisión Europea, y la presentación de un Libro Blanco por el que se ponía en funcionamiento un plan para eliminar todos las barreras comerciales que todavía perduraban entre todos los estados miembros y completar así la construcción de un gran mercado interior, con fecha prevista para el 1 de enero de 1993. Al mismo tiempo, y para poder aplicar todas las disposiciones establecidas en el Libro Blanco de Delors, se necesitaba una reforma institucional que aligerase el funcionamiento de las instituciones y el proceso de toma de decisiones, que se concretó en el Acta Única Europea (mayoría cualificada para la toma de decisiones). Además, se introdujeron otros cambios, como la unificación de normativas fiscales, sanitarias y referentes al medio ambiente.

Tratado de Maastricht
Firma del Tratado de Maastricht, 7 de febrero de 1992. Roland Dumas, ministro francés de Asuntos Exteriores, a la izquierda, y Bérégovoy Pierre, primer ministro de Francia, firman el Tratado. / Archivo

Fue en la década de los 80 cuando además, se completó una segunda oleada de ampliación comunitaria, con la adhesión de Grecia (1981), España y Portugal (1985), lo que reforzó la frontera sur de la Comunidad a la vez que se hizo más patente la necesidad de la puesta en práctica de programas estructurales para reducir las disparidades de desarrollo entre los doce Estados miembros de la Unión.

A finales de la década de los 80, comenzaron a afianzarse las ideas sobre la Unión Económica y Monetaria, sobre todo desde la convicción de que un mercado único llevaba aparejado la disposición de luna moneda única. Un nuevo informe de Jacques Delors, proponía un plan de tres etapas para alcanzar esa meta, a la vez que de nuevo, se ponía en marcha una revisión de los Tratados.

En paralelo, la caída del muro de Berlín (1989) y la reunificación de Alemania, transformaron profundamente la estructura de política del continente, poniendo de manifiesto la necesidad de dar un carácter más político a la Comunidad Económica Europea.

El Tratado de Maastricht

La reforma de las cuestiones financieras e institucionales desembocaron en el Consejo Europeo de Maastricht de diciembre de 1991, en que se aprobó un nuevo Tratado, el Tratado de la Unión Europea (o Tratado de Maastricht), que fijaba un programa en el plano económico y político: la consecución de la Unión Monetaria, con un detallado calendario que debía cumplirse, y se introdujeron nuevas políticas comunes, el concepto de ciudadanía europea, una política exterior y de seguridad común (PESC) y una política de justicia y asuntos de interior (JAI).

En 1995, la Unión Europea se ampliaba por tercera vez, hasta alcanzar 15 estados miembros, con la incorporación de Austria, Finlandia y Suecia (Noruega también participó en las negociaciones de adhesión, pero se retiró por la victoria del no en la consulta por referéndum).

Con la Unión Europea de 15 miembros y la caída del muro de Berlín, las necesidades de reforma institucional europea se manifestaban urgentes. Se convocó una Conferencia intergubernamental para revisar las disposiciones que ya habían quedado expuestas en el Tratado de la Unión Europea. el objetivo era también dotar a la Unión Europea de dotar, política e institucionalmente, de capacidad de respuesta ante los desafíos futuros que presentaba la situación internacional, así como la mundialización de la economía. La Conferencia intergubernamental desembocó en el Tratado de Ámsterdam, que si bien completó importantes avances en el derecho de los ciudadanos, el medio ambiente, la sanidad, la protección de los consumidores, la cooperación en seguridad y justicia, y la PESC (con la creación del Alto Representante para la misma), no pudo dar respuesta a la reforma institucional. Esta reforma pendiente tuvo respuesta con el tratado de Niza, que entró en vigor el 1 de febrero de 2003.

La Europa de los 27

En el proceso de construcción y evolución de la Unión Europea, el 1 de mayo de 2004, se culminaba la mayor ampliación vivida hasta el momento por la Unión Europea, que pasaba de tener 15 a 25 Estados miembros. Los diez nuevos países que se incorporaron a la Unión fueron Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovenia, Eslovaquia, República Checa, Malta, Chipre y Hungría.

La ampliación al este de Europa, culminó con la adhesión de Bulgaria y Rumania, miembros de pleno derecho desde el 1 de enero de 2007. En el proceso de ampliación europea, existen una serie de candidatos a adherirse a la Unión Europea, como Croacia, la antigua república yugoslava de Macedonia y Turquía. A más largo plazo, los candidatos potenciales son Albania, Bosnia y Herzegovina, Montenegro y Serbia, incluido Kosovo (en virtud de la RCSNU 1244).

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